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miércoles, 22 de febrero de 2012

Lean este escrito de Pablo Strossa sobre Luis Alberto

La pregunta ya compite mano a mano con algunos de los acontecimientos que tatuaron a fuego nuestras vidas, y es de esas que no fallan a la hora de una sobremesa memorable: con quien viste el gol de Maradona a los ingleses, dónde estabas en el momento del atentado a las Torres Gemelas o que hiciste el 21 de diciembre de 2001 en la Argentina. Lástima que, en este caso, la duda nueva acarrea un dolor inmenso: “¿Cómo te enteraste de la muerte de Spinetta?”.


Y ante lo irreparable, la tristeza de darse cuenta que nunca más se va a presenciar un recital del Flaco Spinetta. Quedan los discos, claro, pero el hábito de ver a Luis Alberto en vivo con su espíritu se fue. Los conciertos de Luis: caprichosos, capaces de recorrer su último disco del momento entero y sin respiros para una audiencia que muchas veces no conocía esa obra en cuestión, y con momentos de stand up memorables: “'¡Flaco, tocate Los libros de la buena memoria!'. 'Me los olvidé'”. Ese interrogante que Jimi Hendrix se planteaba en su primer álbum (“¿Tenés experiencia?”) se respondía al ver a Spinetta: después de muchos de sus shows, uno salía cambiado para mejor ante tamaña exposición de belleza y honestidad. Cada cual tendrá su favorito y el desfile de sus Bandas Eternas en Vélez picará en punta como una largada genial de Ayrton Senna en su McLaren de F1. Pero muchos también recordaremos su Obras de diciembre de 2001 (un oasis en medio del desierto que secaba al país en ese entonces), o ese rito de presentarse de forma casi anónima, con una promoción mínima, en pequeños teatros del sur del conburbano bonaerense.


Hay dos cuestiones fundamentales para analizar la trayectoria de Spinetta: su generosidad y su ética. El tipo no dudaba en compartir sus descubrimientos tras haberlos tamizado en su filtro. Así, y esto ya se ha dicho y escrito infinidad de veces, gracias a él muchos leímos a Artaud, Castaneda, Jung, Foucault y Fulcanelli; y escuchamos a McLaughin, Bill Evans y le prestamos otra atención a las obras de Mahler. Como ocurría con Luca Prodan: si el Flaco decía “Estoy leyendo o escuchando tal cosa”, no se dudaba y se buscaba, por más que luego quedara atónito ante las cataratas de notas de la Mahavishnu Orchestra o se perdiera en los laberintos carcelarios de Vigilar y castigar. Y en cuanto a la moral, Spinetta jamás transó con el poder: un guerrero jamás detiene su marcha. ¿Se “perdió” el original de la portada del primer disco de Almendra? Ahí va de nuevo el mismo dibujo. ¿La tapa irregular del vinilo de Artaud no entra en las bateas de discos y el cartón se dobla? Mala suerte, es así y no hay otra. ¿Las letras son difíciles? Oh sí, ¿y qué? “El rock no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía. Es el impulso natural de dilucidar a través de una liberación total los conocimientos profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso”, escribió en 1973 en su manifiesto Rock: música dura, la suicidada por la sociedad, y la actualidad de esa sentencia es pasmosa.


Enfrente a un carrito llamado Bahamas, al lado del Parque de la Memoria, en la Costanera Norte, en su querido Bajo Belgrano, cerquita del Monumental. Imposible no asociar el lugar a la letra de “Resumen porteño”: hay muchos Cachos con sus cañas y sus portátiles, en ese lugar donde usualmente sólo flotan cuerpos. Una boya de agua es el faro para no perderse. “Por suerte nací en este sitio, donde habita la magia. La magia incesante del río. De nuestro Río de la Plata, nuestro río de la vida. Así, desde mi niñez, cuando con mi padre íbamos caminando hasta el río, se siguen produciendo en mí todas las emociones y las pasiones provenientes de la profunda actividad de este enorme lugar de agua dulce, que aunque lo intente no puede doblegar su instinto de evolución hacia un más vasto océano” (extracto de una carta enviada en 2002 a los directores del Festival ¡Río Garonne! de Toulousse, Francia). Ahí, al lado de su papá Luis Santiago, está Luis Alberto Spinetta. Vayan con unas flores a darle gracias: se va a poner muy contento. 
                                                                                                     
                                                                          Gracias Pablo por hacerme emocionar ...

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